Nueva Exposición de Alfonso Grau.

En una fotografía hay una ventana, hay una puerta y hay un espejo. En una fotoGraufía también, pero cuando te asomas a ella, alguien revolvió el puzzle que tan pacientemente habías ensamblado dándole el nombre de realidad; cuando la franqueas, no podrías decir si entras o si sales, o a dónde vas o si vienes; cuando te miras en ella, en fin, te verás reflejado y no te reconocerás. O a lo mejor sí, pero de otra forma.

 

Alfonso Grau, como pasa con todos los artistas que tienen algo que contar, desaparece detrás de sus fotoGraufías para que te sitúes en el lugar desde el que mira y te abras a su perspectiva sobre el mundo, lo que viene a ser lo mismo que decir su mundo (el tuyo, hipócrita espectador, su semejante). Se oculta para revelarse, te cede el sitio para ocuparlo, mientras el panorama se despeja con la aparición de una sonrisa, nunca esquinada, surgida de volver a barajar el desorden, con un inestable equilibrio loGraudo a partir de la colisión de los contrarios, o con un acento sorprendente puesto sobre lo cotidiano. Todo ello animado por alguna finta maliciosa y algún que otro acertado mandoble.

 

Lo que tenemos delante, el anfitrión ha dado en intitularlo DESEQUILIGRAU. No soy yo quien para contradecirle (o sí), pero en esta variopinta almoneda, en este aparentemente caótico Rastro (al que, no casualmente, tan aficionado es Grau), se presiente que nada de lo que aparece es casual o inmotivado. Se intuye un orden subyacente que quizás no nos es dado desvelar, tan sólo contemplar.

 

En todo caso, ahora todo lo que te precede y lo que te rodea es el marco, y quien está expuest@ eres tú. Yo ya te dejo. Buena suerte.

 

Jose María Bergés

 




Al Arte hay que echarle Huevos